¿Qué aprender de los fracasos de grandes empresas?

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Publicado el 16 May, 2012 •

Al comparar la lista de las 500 empresas más grandes en el 2012 publicada por Forbes con la que salió hace 10 años, encontramos un dato relevante: 44 de las empresas que aparecían entonces entre las primeras 100 hoy ya no están en ese grupo. Se trata de empresas que tenían ingresos combinados por 1.7 trillones de dólares, de las cuales algunas bajaron dramáticamente de nivel, otras se fusionaron para enfrentar los problemas que las aquejaban y otras simplemente se desvanecieron en medio de las turbulentas aguas financieras.

Esto es una muestra de que nada nos asegura que estemos bien mañana.

Pero ¿podemos extraer lecciones de estos grandes fracasos para nuestra mundana vida financiera cotidiana?

Sí podemos. Porque estamos en un error si creemos que existe un mundo de diferencia entre los errores que como personas enfrentamos en nuestra vida financiera y los errores que cometieron estas empresas, lideradas por ejecutivos con sueldos anuales multimillonarios, con grandes áreas encargadas de planeación y análisis, y con miles de horas de educación y capacitación acumuladas entre sus principales directivos.

Las empresas no actúan ni toman decisiones, eso lo hacen personas que están sujetas a los mismos errores y sesgos de decisión que enfrentamos el resto de las personas. Veamos algunos ejemplos.

Algunos errores comunes

Confianza excesiva que provoca falta de planeación. En la lista podemos identificar algunas empresas que dejaron de ser grandes porque confiaron en que su éxito los hacía infalibles. La confianza excesiva en las propias capacidades lleva a pensar que no requerimos planear porque podemos enfrentar lo que venga. Sin un mínimo de planeación, empresas y personas no pueden definir cuáles son sus objetivos y propiedades, ni asignar sus recursos siempre finitos en función de ello.

Sobredimensionar la capacidad de endeudamiento. Muchas empresas acaban por darse cuenta de que contrataron deuda dedicada a adquirir bienes cuyo beneficio esperado fue mucho menor que el costo de la deuda. Personas y empresas toman crédito frecuentemente porque está disponible, no porque lo requieren para objetivos estratégicos y prioritarios.

Reconocer eventos seguros, postergando las decisiones necesarias para enfrentarlos. Las organizaciones afectadas por el sesgo del statu quo fallen en prepararse para enfrentar el futuro. Hay eventos seguros y postergamos el momento de enfrentarlos.

No reconocer el riesgos en el entorno ni prepararse para ello. Empresas se niegan a enfrentar la posibilidad de escenarios disruptivos que ponen en riesgo su estabilidad. Una severa crisis internacional puede afectar a una empresa no preparada, de la misma manera en que una crisis de salud puede afectar la estabilidad financiera de una familia. Se tiende a pensar: Eso a mí no ve va a pasar.

Generar expectativas basadas en un autoengaño. Lo que ocurrió a muchas empresas en el 2008 es esencialmente lo mismo que ocurre a familias que acaban por perder su patrimonio en aventuras financieras. Se niegan “¨a reconocer que si algo es demasiado bueno para ser cierto, lo más pro-bable es que no lo sea. Pensar que un negocio podía dar ganancias extraordinarias sin pasar nunca la factura, no es tan diferente de las familias que creen que una institución financiera dudosa pueda dar rendimientos exagerados sin que ponga en riesgo sus ahorros. No es consuelo de tontos pensar que incluso los grandes se equivocan. Es una oportunidad de conducirnos con más sabiduría de aquella con la que se condujeron Enron o Lehman Brothers.

*El autor es politólogo, mercadólogo y especialista en economía conductual. Es Director General de Mexicana de Becas, Fondo de Ahorro Educativo.

Via: El Economista

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